El sonido
Cada capa de cada modo tiene que poder responder por qué está ahí. Esta página es esa respuesta: los criterios con los que elegimos los sonidos y, con el mismo cuidado, dónde termina lo que se puede afirmar.
Tres reglas antes de cualquier sonido
Lo que invocamos es acústica, no neurología. Tiene respaldo sólido que un sonido pueda tapar a otro, y que algunos molesten menos que otros. No lo tiene que un sonido active, sincronice o regule nada. Por eso no vas a encontrar acá binaurales ni “frecuencias”: una revisión de catorce estudios sobre binaurales encontró cinco a favor, ocho en contra y uno mixto (Ingendoh y col., 2023).
Cuando la evidencia es floja, lo decimos. Varias cosas que hacemos son decisiones estéticas defendibles sin ser hallazgos. Está bien que lo sean. Lo que no está bien es venderlas como ciencia.
El volumen bajo es parte del diseño, no una concesión. El único estudio que encuentra algún beneficio cognitivo en adultos sin dificultades de atención lo encuentra a 45 dB, y a 65 dB reporta más errores y más estrés (Awada y col., 2022). Usá Head Reset al menor volumen que te resulte útil.
Foco
Lluvia lejana, ruido marrón debajo, un tono muy bajo de fondo. Sin notas.
El mecanismo que sostenemos es tapar el habla de otros, no estimularte. La pérdida de rendimiento que provoca una conversación de fondo depende de cuánto se la entiende, y bajar esa inteligibilidad reduce la distracción (Hongisto, 2005). De ahí sale una decisión concreta: el habla se entiende entre 250 Hz y 4 kHz, y las consonantes —las que deciden si se entiende— entre 2 y 4 kHz. El ruido marrón casi no llega ahí; la lluvia sí. Por eso la lluvia va al frente y el marrón debajo, y no al revés.
Y no hay notas, ni pájaros, ni truenos. Lo que interrumpe la memoria de trabajo no es el ruido: es el cambio. Un ruido estable no molesta, y basta con hacerlo variar para que empiece a hacerlo (Tremblay, Macken y Jones, 2001). Por la misma razón nos importa tanto que no se escuche ningún empalme: una costura que aparece cada treinta segundos es exactamente el tipo de evento que roba atención.
Lo que no decimos: que el ruido marrón mejore la concentración. El metaanálisis de referencia sobre ruido y tareas cognitivas dice textualmente que no encontró ni un solo estudio sobre ruido marrón (JAACAP, 2024). Y en personas sin dificultades de atención, el efecto promedio del ruido blanco o rosa en ese mismo trabajo es levemente negativo.
Soltar
Olas lentas al frente, viento muy por debajo, notas sueltas.
La ola tarda unos once segundos, y eso no es casual: frases rítmicas de alrededor de diez segundos sincronizan respuestas del sistema cardiovascular (Bernardi y col., 2009). Pero la parte importante es otra. La ola no te arrastra: te marca un ritmo. Lo que tiene una base de evidencia grande —cientos de estudios— es respirar lento a propósito (Laborde y col., 2022); el arrastre pasivo, en cambio, no aparece cuando se lo busca de frente (Juslin y col., 2026).
De ahí una decisión de mezcla: el viento estaba tan cerca de las olas que rellenaba los huecos entre una y otra, y el ritmo se perdía en un colchón parejo. Ahora el viento quedó bien atrás, para que la ola se escuche como ola. Si querés, respirá con ella; si no, dejala sonar.
Lo que no decimos: que te reduzca el estrés, que mejore tu variabilidad cardíaca ni que baje tu presión. Un ensayo de cuatro semanas no encontró cambios en la variabilidad cardíaca en reposo (Sumińska y col., 2026), y en 22 ensayos con más de 17.000 personas la respiración lenta guiada no redujo la presión arterial (de Freitas Gonçalves y col., 2022).
Descanso
Lluvia de una grabación real al frente, un fondo grave, un tono muy bajo y, cada varios minutos, un trueno lejano.
Lo que despierta a alguien no es el volumen de un ruido: es el salto entre el silencio y ese ruido. En un estudio con polisomnografía, agregar un sonido de fondo continuo llevó los despertares por ruido de hospital casi al nivel de una noche tranquila, justamente porque achicó ese salto (Stanchina y col., 2005). Es un estudio muy chico, pero el mecanismo es claro y es el que seguimos.
Por la misma razón no hay notas ni eventos que se puedan contar. Las señales pulsadas con silencios en medio despiertan con menos intensidad que las continuas (Bruck y col., 2009): una nota cada treinta segundos durante una hora es precisamente el patrón que conviene evitar mientras alguien se está durmiendo. Los grillos que había al principio también se fueron: su energía caía justo en la franja donde el oído es más sensible.
La lluvia pasó a ser una grabación de campo y no una síntesis: por más que se la puliera, a la lluvia generada le faltaba la irregularidad de una real —rachas, cambios de viento, gotas que caen de las hojas—. Es una grabación de dominio público, al aire libre y sin nada que resuene. Los truenos salen de la misma toma, y solo quedaron los lejanos, los que crecen despacio: un rumor largo y grave cada varios minutos es el fondo cambiando de forma, no un sobresalto.
Lo que no decimos: que Head Reset mejore tu sueño. La revisión sistemática de referencia califica la evidencia sobre ruido continuo como ayuda para dormir de calidad “muy baja”, y sus autores desaconsejan promoverlo (Riedy y col., 2021). Tampoco decimos nada sobre ondas lentas ni memoria: los estudios que se citan para eso usan electroencefalograma en tiempo real, algo que ninguna app que reproduce audio hace.
Ventilador
Una manta de aire de banda ancha, y nada más. Sin aspas, sin motor, sin notas. Es el único paisaje sin ninguna altura definida.
Sale del uso real: mucha gente duerme con el ventilador prendido, y no siempre por el calor. No quisimos inventar nada, solo reproducir eso. El latido de las aspas y el zumbido del motor quedaron afuera por lo mismo que Foco no lleva notas: son algo periódico que el oído puede seguir, y lo que sostiene a este modo es que no haya nada que seguir.
No es ruido blanco, y es a propósito. En un experimento de laboratorio, cuarenta personas calificaron cuánto les molestaban veintitrés ruidos de banda ancha con espectros distintos. Los dominados por agudos resultaron tan molestos como el mismo sonido reproducido 9 o 10 dB más fuerte; los graves, igual o menos molestos que la referencia; y uno neutro, tipo ruido rosa, quedó en el medio (Kuusinen, Rantanen y Hongisto, 2024). El ruido blanco y el rosa caen del lado que molesta. Ventilador tiene una pendiente que baja hacia los agudos, del lado cómodo del experimento, y un cuerpo grave debajo que es lo que lo hace sonar a una máquina en la pieza y no a un auricular.
Por qué banda ancha para dormir es lo mismo que en Descanso, y acá se aplica todavía más limpio: un sonido de banda ancha a volumen bajo acortó el tiempo hasta dormirse en un ensayo con polisomnografía (Messineo y col., 2017), y un piso parejo achica el salto que produce los despertares (Stanchina y col., 2005). Un ventilador es, acústicamente, exactamente ese piso.
Lo que no decimos: todo lo de Descanso, sin excepción. La evidencia sobre ruido continuo para dormir es de calidad muy baja (Riedy y col., 2021).
Viaje
Aire afinado al frente, acordes, notas claras. Nada de graves.
Este modo se rehízo entero después de escucharlo manejando. El problema era de física: un auto en ruta hace su propio ruido, y ese ruido vive justo donde estaba puesto el paisaje. Agregar ruido dentro de un ambiente ruidoso no se distingue del ambiente; para escucharlo hay que taparlo, y ahí ya no relaja.
Un sonido con altura —una nota, un acorde— se escucha muy por debajo del nivel de un ruido que lo tape, porque concentra su energía en una sola franja mientras el ruido la reparte entre decenas. La prueba más contundente de eso no es de laboratorio sino legal: las normas internacionales de ruido ambiental suman hasta 6 dB de penalización a un sonido solo por ser tonal (ISO 1996-2). Así que Viaje es tonal y suena bajo. Y que suene bajo es lo importante: cuanto menos tapa, mejor seguís escuchando la calle.
También decide dónde ponerlo. El ruido de cabina se concentra entre 125 y 500 Hz; el oído es más sensible entre 3 y 4 kHz (ISO 226); y las normas de alertas dentro del auto trabajan entre 500 y 2.500 Hz (ISO 15006). Viaje vive en esa ventana, y por debajo de 90 Hz no tiene nada: el grave ya lo pone el auto, y el conductor además recibe vibración de baja frecuencia que por sí sola da sueño en veinte minutos (Azizan y col., 2016).
Lo que nunca vas a encontrar
- Binaurales y “frecuencias sanadoras”. No hay con qué sostenerlos.
- Campanas, chimes, truenos ni pájaros en Foco. Son eventos, y los eventos roban atención.
- Cifras de eficacia. Ni “el 75 % duerme mejor” ni nada parecido. Esa clase de número circula mucho y casi nunca está en el estudio al que se le atribuye.
Volumen, oídos y quién no debería usarlo
La norma de escucha segura de la OMS y la UIT fija 80 dB durante 40 horas semanales para adultos y 75 dB para menores. Y conviene saber que el sonido nunca es gratis: con apenas 37 dBA de ruido ya se mide menos sueño profundo que en silencio (Myllyntausta y col., 2020). Más fuerte no es mejor.
No uses Head Reset con bebés ni con niños pequeños. De catorce máquinas de ruido para bebés medidas, las catorce superaron los 50 dBA a 30 cm y tres superaron los 85 dBA (Hugh y col., 2014).
Lo que todavía no sabemos
Tres cosas, dichas de frente. Primero: nadie estudió este caso de uso —una sesión que elegís vos, cuando querés, en el lugar que querés—. Toda la evidencia viene de laboratorios o de oficinas donde el sonido se impuso. Segundo: creer que un sonido es natural cambia lo que se mide, con independencia de cómo suene, así que parte de lo que se observa en estos estudios es expectativa. Y tercero: buena parte de la literatura favorable al ruido para la atención sale de un mismo grupo de investigación, mientras que la escéptica viene de grupos independientes. Lo tuvimos en cuenta al decidir.